miércoles, 26 de diciembre de 2018

La hija del alquimista, de Kai Meyer, reseña


Cuando vino a vivir con nosotros mi cuñada, se trajo en la maleta unos cuantos libros en español. En aquellos entonces, yo estaba bastante hundido, física y animicamente, y me los pasaron para estuviera entretenido. Kit sabe que me encanta leer, pero mi estado de ánimo era tan bajo que no tenía gana de coger un libro, por lo que pensaba que uno en español me animaría a hacerlo. El primero que cogí, de la casi docena que se trajo, fue el mas grande y mas gordo. Era el de La hija del alquimista, del escritor alemán Kai Meyer. Y al ver las tapas y la sinopsis estuve a un tris de soltarlo de la misma como si estuviera recubierto de babas cancerígenas, pues me olía un truño pastelón del copón. Mi cuñada me insistió que lo leyera, que era un buen libro y que me iba a gustar o al menos me iba a aportar cosas interesantes. Al final, por insistencia de ellas más que por ganas mias, me lo lei. Me costo mas de lo esperado, pero lo termine.
Y siendo honrado, sin ser una maravilla, ciertamente tampoco estaba tan mal.

El título original de la obra es Die Alchimistin (Es alemana, como su autor) y su primera edición original salió a la venta en 1998, teniendo una segunda en 2007. A España llegó en 2010 de manos de la editorial Bóveda, con el título de La hija del alquimista. Hasta donde yo se, en español solo ha tenido una edición. Su género es un poco difuso, ya que mezcla la novela histórica, con la fantasía, añadiendo toques de otros géneros, como la novela erótica, la novela de aventuras/de viajes, etc.
Libro tiene unas 600 páginas, divididas en dos "libros", el primero con 11 capítulos y el segundo con 10 mas un epílogo del autor, explicando algunos conceptos que salen en el libro. El libro está encuadernado en tapa dura con sobrecubierta, aunque cuando me llego a mi estaba bastante maltratado y sin sobrecubierta (Mis sobris, naturalmente...), que he conseguido apañar medianamente. El libro en si es físicamente bastante pesado (Su lectura, no tanto) y voluminoso como para ir por ahí con el. Es un libro para tener en casa, en mi opinión.

El autor
La historia se sitúa a finales del siglo XIX (1897), lo que en aquellos entonces sería la costa de Prusia, aunque a lo largo del libro, o mejor dicho, de los dos libros que conforman este, la acción salta a otros puntos de la geografía europea, como Viena, Venecia, los cantones suizos, Rumania, etc, saltando de ahí a los primeros años del siglo XX (1904), al periodo previo a la Gran Guerra.
Un chico joven, avispado, inteligente pero con una extraña alergia llamado Christopher es adoptado siendo ya un adolescente por la familia Institoris (Nota: Nada que ver con el inquisidor del Maellus Maleficarum), una rica y poderosa familia, cuyo cabeza es un hombre llamado Néstor y que es alquimista. Su esposa, Charlotte, es una mujer peculiar con una extraña afición por adoptar hijos como quien recoge perros de una perrera. El matrimonio, que no es muy feliz pero en el que cada uno va un poco a su aire, tiene dos hijas, Aura y Sylvette, ademas de otro hijo adoptado, llamado Daniel, que ha sido causa de problemas  en la familia recientemente.
Salvo que Néstor es un tipo huraño y excéntrico, más excéntrico aun su mujer, las cosas parecen prometedoras para Christopher. Pero pronto se dará cuenta que nada es lo que parece y que se acaba de meter sin saberlo en una disputa entre alquimistas que se remonta a los tiempos en que la Orden del Temple era la organización más poderosa de Europa. Las mentiras se destapan, las conjuras salen a la luz.
Pronto el mundo se va a desbocar a su alrededor, con asesinatos, secuestros, robos, extrañas filias y aún más extraños e inquietantes personajes que van a ir saliendo a lo largo de la historia.


El libro, como historia esta realmente bien. No es una historia pastelosa de amoríos y romanticismos exacerbados y exagerados de niñas bien con padres con aficiones excéntricas porque están podridos de dinero, como parecía dar a entender la portada, pero tampoco es lo que da a entender en un principio la lectura de las primeras página.
El autor parece disfrutar llevando a sus lectores por un camino y cuando estos están cómodamente acostumbrados a la senda, pegar un salvaje volantazo y meterlos campo a través de una historia que, en algunos momentos, parece que se desboca por los cambios de la trama, la inclusión de personajes algunos de ellos realmente chocantes (Como Guillian, un asesino que es hermafrodita o una extraña directora de colegio interno de suiza que no es lo que parece realmente) o elementos que van desde viejos mitos mesopotámicos a los Templarios (La novela originalmente sale a finales de los años 90, época en la que los Templarios, con todo el tema de Codigo DaVinci, etc están de moda) pasando por las historias de los "sacamantecas", que hacen que por momentos sientas la tentación de saltar en marcha o suplicar al conductor (El autor, Kai Meyer) que pare.
Al final, la mezcla se estabiliza y tiene un resultado final bueno, pero cobrándose un precio en forma de personajes que parecen muy prometedores y que pierden todo protagonismo que parecia que tenian (O son suprimidos de forma expeditiva, acabando con posibles líneas argumentales), otros alzándose y cogiendo una relevancia inusitada, al tiempo que se suman toda clase eventos y hechos  fantásticos o sobrenaturales, algunos de ellos interesantes y otros que al menos por momentos, te dan la impresión que los han metido a martillazos.

El conjunto al final funciona, con algunos chirridos y vibraciones preocupantes, pero es solido. Es una historia entretenida, fluida y llena de datos interesantes.


No solo por todo lo que se habla de Alquimia, la Piedra Filosofal y sus sistemas científico-espirituales-filosóficos. También hay datos de interes sobre la leyenda de Gilgamesh, la historia el Rey Salomón, de los Templarios, los cultos Herméticos y, lo que a mi me gusta especialmente, importantes datos, apuntes e ideas sobre la historia de Prusia, el imperio Austro-Húngaro y las tierras circundantes. Algunas de las cosas que se cuentan se remontan a los romanos y la fundación de Vindobona, que más tarde sería Viena, otras sobre los bajos fondos en los últimos años del Imperio Austro-Húngaro (En el sentido literal y en el metafórico), detalles de la organización geográfica, urbanística, etc que la gente no suele saber. Estamos más al tanto de cosas de Londres o de París, que de Viena o Budapest, y realmente la cantidad de datos ofrecidos, bien hilados con la trama de la historia, es uno de sus puntos fuertes.
Hay algunos fallos o imperfecciones, pero creo que es mas tema de la traducción que fallo del autor (Como la leyenda que habla de como Salomón escogió el punto exacto donde el Templo debía ser construido) y tampoco es algo horrible que destroce la historia. Apenas si es algo molesto, salvo para un lector medianamente meticuloso. Y la verdad la sinopsis y la portada del libro, que creo que es cosa de la editorial española hacen un flaco favor a la obra, repeliendo a lectores que les podría haber gustado la obra y atrayendo a otros que no les va a gustar o no la van a entender.

El epílogo final es un buen toque que ayudará a entender algunas cosas que cuentan en el libro, sobre todo las que tienen que ver con los Alquimistas. Ayuda mucho

En pocas palabras y para terminar, decir que es un buen libro. No era lo que me esperaba en inicio y al final me dejo satisfecho lo que he leido. Cierto es que el autor hace verdadera alquimia para juntar cosas tan tremendamente dispares y conseguir al final un resultado armónico, lo que le lleva a sacrificar unas cosas y cambiar otras. Ayuda a conseguir ese resultado final que Meyer es un buen escritor, eso sin duda, sobre todo definiendo personajes y lugares con una claridad increíble. Aun así, creo que en ciertas ocasiones se la juega sin necesidad, sobre todo con algunos giros de la trama.
Pero el resultado final es bueno. Podría haber sido mucho mejor, al menos en ciertas partes, pero dadas mis expectativas iniciales, yo estoy contento.
Es un libro que recomiendo, se pueden sacar cosas interesantes de el. Solo hay que ser un poco paciente con el.

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